LUCHANDO CONTRA EL FASCISMO DESDE TODAS LAS TRINCHERAS

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Canciones de Combate

martes, 26 de marzo de 2013

Leyes fundamentales de la Revolución Socialista y peculiaridades de su manifestación en los distintos países


En la teoría marxista-leninista de la revolución socialista ocupa importante lugar el problema de la correlación entre las leyes generales de la revolución y las peculiaridades que éstas presentan en el plano nacional. Del acertado criterio con que se enfoque este problema depende mucho el éxito de la revolución. No puede extrañarnos, pues, que en torno a él se desarrolle una enconada lucha ideológica. Los revisionistas no admiten la existencia de leyes generales de la revolución, desorbitando el valor de las peculiaridades nacionales. Y como este punto de vista se quiere imponer a los partidos de los países donde la revolución no se ha producido todavía, de lo que en realidad se trata es de la renuncia a la revolución. Los dogmáticos, al contrario, no quieren considerar las peculiaridades nacionales en el curso de la revolución. Exigen que en todos los lugares se lleve a cabo la revolución socialista con arreglo a un esquema adoptado de una vez para siempre. También esta posición puede causar daño sensible al movimiento revolucionario. La gran fuerza del socialismo reside precisamente en que se afirma como resultado de la creación revolucionaria de las masas y se incorpora a la vida de cada nación en formas que el pueblo comprende y hace suyas, orgánicamente relacionadas con toda la estructura de su vida nacional. Y los dogmáticos, al no tener presentes las peculiaridades nacionales y limitarse a copiar mecánicamente la experiencia de otros países, traban la acción creadora de las masas, debilitan la fuerza de atracción del socialismo y le crean dificultades complementarias en su camino. Considerando el peligro que el revisionismo y el dogmatismo encierran, la Declaración de la Conferencia de representantes de los Partidos Comunistas y Obreros (1957) subraya la necesidad de mantener simultáneamente la lucha contra estas dos tendencias.
El marxismo-leninismo estima que, a pesar de las diferencias en cuanto a las condiciones concretas y a las tradiciones nacionales, la revolución socialista presenta en todos los países rasgos y leyes comunes de sustancial importancia. Y se comprende que así sea: la sustitución del capitalismo por el socialismo es en todos los países un proceso idéntico en líneas generales. Su comienzo va señalado por dos transformaciones fundamentales: 1) se aparta del poder político a las clases explotadoras y se implanta el poder de los trabajadores dirigidos por la clase obrera, la dictadura del proletariado; 2) se suprime la propiedad de los capitalistas y terratenientes y se establece la propiedad social sobre los principales medios de producción. Estas dos transformaciones, según se indicaba antes, pueden sucederse en distintas formas. Pero la clase obrera ha de llevarlas a cabo obligatoriamente en todos los casos en que se realiza el paso al socialismo. Sin ello el socialismo es imposible. La enunciación más completa de los principios cuya observación es necesaria para el triunfo de la revolución socialista, figura en la Declaración de la Conferencia de representantes de los Partidos Comunistas y Obreros. En ella se enumeran los siguientes principios y leyes generales, que abarcan al período completo de transición del capitalismo al socialismo: Dirección de las masas trabajadoras por la clase obrera, el núcleo de la cual es el partido marxista-leninista, para la realización de la revolución proletaria en una u otra forma y el establecimiento de la dictadura del proletariado en una u otra forma. Alianza de la clase obrera con la masa fundamental de los campesinos y con otras capas de trabajadores. Supresión de la propiedad capitalista y establecimiento de la propiedad social sobre los principales medios de producción. Gradual transformación socialista de la agricultura. Desarrollo planificado de la economía nacional, dirigido a la construcción del socialismo y el comunismo, a la elevación del nivel de vida de los trabajadores. Aplicación de la revolución socialista al campo de la ideología y la cultura y formación de una intelectualidad numerosa, fiel a la clase obrera, al pueblo trabajador y a la causa del socialismo. Supresión de la opresión nacional y establecimiento de una amistad fraternal e igual en derechos entre los pueblos. Defensa de las conquistas del socialismo contra los ataques de los enemigos de fuera y de dentro. Solidaridad de la clase obrera del país con la clase obrera de los otros países: internacionalismo proletario. Estos principios y leyes generales no son sino las conclusiones fundamentales, brevemente formuladas, que se derivan de la teoría marxista-leninista de la revolución proletaria y de la construcción del socialismo.
Los partidos marxistas-leninistas no pretenden la aplicación de sus principios en la misma forma y con iguales métodos cualquiera que sea el país de que se trate. Siempre tienen presentes las condiciones concretas y las peculiaridades nacionales de su propio país. El leninismo enseña que la clave de los éxitos de la política socialista reside en la aplicación con un espíritu creador de los principios generales a las condiciones concretas del país, de conformidad con los rasgos originales de su economía, su política y su cultura, con las tradiciones de su movimiento obrero, las costumbres y psicología de su pueblo, etc.
Mientras existan diferencias nacionales y estatales entre los pueblos y los países, indicaba Lenin, la unidad de la táctica internacional del movimiento obrero comunista de todos los países no exige que se elimine la diversidad, que se ponga fin a las diferencias nacionales, sino una aplicación de los principios fundamentales del comunismo que "modifique acertadamente esos principios en lo particular, que los acomode y aplique acertadamente a sus diferencias nacionales y nacionales-estatales." Una tarea muy importante de los comunistas es la de adivinar, buscar, captar, investigar y estudiar lo particular y específicamente nacional en el enfoque concreto de la manera como cada país ha de resolver problemas internacionales únicos. La evolución de la sociedad humana del capitalismo al socialismo es un proceso histórico único. Ahora bien, la revolución socialista, cuando el desarrollo social la pone al orden del día en uno u otro país, es un acto de creación independiente de las masas populares que viven en cada país concreto, en un determinado medio en el que ha transcurrido su vida. Esto impone su huella imborrable a la marcha de los procesos revolucionarios. El conjunto de formas y modos por los que en un país se realizan las transformaciones revolucionarias comunes a todos los países es lo que constituye la característica del paso de ese país al socialismo. Las leyes fundamentales de la transición del capitalismo al socialismo son únicas para todos los países capitalistas. Lo que hay de común en el avance hacia el socialismo predomina sobre las peculiaridades nacionales. Las condiciones específicas de uno u otro país pueden modificar parcialmente las manifestaciones concretas de las leyes fundamentales, sin que sean capaces de suprimir las propias leyes. Esto no significa, sin embargo, que cada país vaya al socialismo por un camino sustancialmente distinto del que siguen los otros países. Hay un socialismo verdadero: el socialismo científico de Marx y Lenin, que establece principios generales para todos los países y pueblos en cuanto a la organización de la sociedad nueva, principios que se derivan de un estudio profundo de las leyes del desarrollo social.
La teoría marxista-leninista se enriquece a medida que se va reuniendo experiencia de la puesta en práctica de las transformaciones socialistas. La aplicación, con un espíritu creador, de los principios generales del marxismo-leninismo a las condiciones concretas de cada país significa, a la vez, un mayor desarrollo de estos principios. Cualquier país -grande o pequeño- puede enriquecer con su experiencia la teoría marxista de la revolución socialista.

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