LUCHANDO CONTRA EL FASCISMO DESDE TODAS LAS TRINCHERAS

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Canciones de Combate

miércoles, 20 de febrero de 2013

La democracia proletaria como democracia de nuevo tipo


El triunfo de la clase obrera pone fin a la época de dominación de una minoría privilegiada y significa el comienzo del verdadero poder del pueblo. Obreros, campesinos, artesanos e intelectuales, hombres que durante siglos se vieron apartados de la vida política y no eran admitidos a las tareas de gobierno, toman en sus manos las riendas del Estado. Esto hace de la democracia proletaria un tipo nuevo de democracia, muy superior a la democracia burguesa. Democracia para los trabajadores.
La democracia burguesa fue en otros tiempos un gran avance. Mas al advenir la época de las revoluciones proletarias se ve reemplazada por un nuevo régimen político. Este, según palabras de Lenin, concede "la democracia máxima a los obreros y campesinos y, al mismo tiempo, significa el rompimiento con la democracia burguesa y la aparición de un tipo nuevo de democracia en la historia: la democracia proletaria o dictadura del proletariado".286 Influidos por la propaganda burguesa y por las manifestaciones de los socialdemócratas, ciertas gentes de los países capitalistas piensan que dictadura y democracia son términos que se excluyen, Razonan así: o democracia, que se extiende por igual para todos, y entonces no hay dictadura, o dictadura de una clase, pero entonces no hay democracia.
Así pueden razonar únicamente quienes comparten el error de que puede existir una democracia "sobre las clases", "general" o, como también se la llama, "integral". Pero lo cierto es que en cualquier sociedad en la que hay clases con intereses opuestos, el poder político, por democrático que parezca, presenta un carácter de clase y se encuentra al servicio de la clase dominante. En los países de democracia burguesa el poder conserva a menudo sus apariencias democráticas: en el plazo debido se celebran elecciones generales, los gobiernos son responsables ante los Parlamentos, etc. Mas la faz verdadera de este poder se revela en cuanto las masas trabajadoras adquieren conciencia de sus intereses de clase y comienzan a presentar reivindicaciones a los capitalistas. El más "democrático" de los poderes toma partido por los patronos y no se detiene ante nada: envía las tropas y la policía contra los obreros, hace ametrallar las manifestaciones pacificas, manda detener a los líderes obreros, y así sucesivamente. Y cuando la lucha de los trabajadores alcanza tales proporciones que ponen en peligro la dominación misma del gran capital, el poder se despoja definitivamente de sus vestiduras democráticas y pasa a los métodos terroristas abiertos. Resulta que bajo la máscara de la democracia en los Estados imperialistas se oculta la más auténtica dictadura de los grandes monopolios capitalistas, de la que son víctimas la clase obrera, todos los trabajadores.
La esencia de clase del Estado se puso al desnudo en todas las épocas en que el poder lo detentaron los explotadores. "Todos saben... -escribe Lenin- que las insurrecciones o, simplemente, una gran agitación entre los esclavos fue motivo en otros tiempos para que inmediatamente apareciese la esencia del Estado antiguo como dictadura de los esclavistas. ¿Destruía esta dictadura la democracia en el seno de los esclavistas, la democracia para ellos? Todos sabemos que no." Quiere decirse que, según confirma la historia, dictadura y democracia se combinaban perfectamente. El Estado, que actúa como dictadura respecto de unas clases, puede al mismo tiempo ser democracia para otras.
El problema se reduce a dilucidar de qué clase de dictadura y de qué clase de democracia se trata. Refiriéndose al Estado del período de transición, Lenin decía que ha de ser "un Estado democrático de una manera nueva (para los proletarios y desposeídos en general) y dictatorial de una manera nueva (contra la burguesía)". La dictadura de la clase obrera es por su esencia el poder más democrático, pues significa la dominación de la mayoría sobre la minoría, mientras que la dictadura de la gran burguesía es la dominación de la minoría sobre la mayoría. No hay por ello contradicción alguna cuando decimos que la dictadura del proletariado es a la vez un nuevo tipo de democracia. Un mismo poder (el de la clase obrera) es dictadura y aplica "medidas dictatoriales" (Lenin) con relación a los enemigos del socialismo, y es una auténtica democracia y emplea métodos democráticos con relación a los trabajadores. Por lo tanto, dictadura del proletariado y democracia proletaria son dos lados de una misma medalla. Para Lenin eran sinónimos ambos conceptos: "democracia proletaria" y "dictadura del proletariado".
Es muy importante en la política del Estado proletario observar una acertada relación de los métodos dictatoriales y democráticos, aplicando los primeros a la burguesía contrarrevolucionaria y los segundos a los trabajadores. Es igualmente inadmisible conceder libertad de acción a las fuerzas reaccionarias y reducir la democracia de que gozan los trabajadores. De las consecuencias que trae el no observar este principio nos hablan los acontecimientos de Hungría en 1956, donde no se cortaban con energía suficiente los ataques de los reaccionarios y, a la vez, se toleraban serias transgresiones de los derechos democráticos de los trabajadores. Los sociólogos y publicistas burgueses esgrimen a menudo otro argumento. La democracia, dicen, presupone obligatoriamente la lucha de partidos, una oposición en el Parlamento, etc. Al no encontrar ninguna de estas notas formales de la democracia burguesa en los Estados socialistas, proclaman triunfalmente que el régimen de la dictadura proletaria no es democrático. Los marxistas tienen una noción distinta de la democracia de un régimen político. De lo que hay que partir es de qué intereses defiende el poder, al servicio de quién está y qué política mantiene. Desde este punto de vista -el único científico-, en los Estados burgueses es imposible descubrir el menor rastro de verdadero poder del pueblo. En los Estados Unidos hay partidos rivales, y oposición en el Congreso, pero toda la política del gobierno se encuentra al servicio de un reducido puñado de multimillonarios. En el fondo, lo que impera allí es la dictadura de los monopolios capitalistas. Sólo la democracia proletaria significa el auténtico poder del pueblo, puesto que se encuentra al servicio de los trabajadores, es decir, de la mayoría de la sociedad. La política del Estado proletario tiende a la supresión de la explotación, al incremento del nivel de vida y de la cultura de las masas, a la defensa de la paz general y al fortalecimiento de la amistad entre los pueblos. Esto responde a las más profundas aspiraciones de las masas populares y de todos cuantos aman el progreso. Sería al mismo tiempo erróneo pensar que el problema de los métodos y formas de ejercicio del poder son secundarios para el Estado proletario. La fuerza principal de la dictadura del proletariado reside en sus vínculos con todas las masas del pueblo. Y estos vínculos sólo son sólidos cuando el poder es democrático por su esencia y por su forma. De ahí que la forma de la dictadura del proletariado sea la república de tipo socialista.
La democracia proletaria amplía como ningún otro poder los derechos de los trabajadores, pero no puede extenderse a las fuerzas reaccionarias de la burguesía vencida ni a los demás elementos que luchan por la restauración del capitalismo. Hasta ahí llegan los límites de la democracia proletaria. Se causaría un daño terrible a la revolución socialista si el proletariado concediese libertades políticas a las organizaciones de los grandes capitalistas. ¿No es evidente que la disolución de los partidos de la burguesía contrarrevolucionaria y la prohibición de la propaganda del fascismo y de otras ideas antipopulares, lejos de restringir las libertades y la democracia para los trabajadores, vienen dictadas por la defensa de los propios intereses?

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