LUCHANDO CONTRA EL FASCISMO DESDE TODAS LAS TRINCHERAS

LUCHANDO CONTRA EL FASCISMO DESDE TODAS LAS TRINCHERAS

Canciones de Combate

martes, 25 de octubre de 2011

MERCADO DE DOMINACIÓN

La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. Carlos Marx

Una de las materias más apasionantes en el estudio político es el hecho asombroso de que una minoría ínfima consiga dominar a una gran mayoría, ponerla a su servicio y transformarla en principal soporte de su propia dominación.

El estudio político, la política, en gran medida, giran alrededor de la pregunta ¿Cómo la clase dominante consigue la dominación? Es verdad, si observamos el mundo percibiremos un asombro que recorre la historia de la humanidad: millones de depauperados y sólo miles de privilegiados. Millones de hambrientos, sólo unos pocos ahítos. Una porción pequeñísima del mundo consume más del ochenta por ciento de lo que el planeta produce, y el resto se conforma con las migajas. Desde el principio de la historia ha sido así, millones esclavos y miles señores dueños. Lo asombroso es que esta situación se mantenga por milenios. La política revolucionaria grande, la importante es el cómo acabar con esta situación.

Hay algunas noticias que ayudarán a la comprensión del fenómeno: “Una madre vende a su hijo pequeño, el dinero obtenido lo usará para llevar a los dos más grandes a Disneyworld.”

Un muchacho vende uno de sus riñones para conseguir comprar un ipad.” “Una joven vende su virginidad y usará el dinero para comprar un iphone.” “Un mendigo en Estados Unidos pide limosnas para comprar el último disco de Britney Spears.” “Obreros exigen que repartan los dividendos en empresas que no dan ganancias.” “Unos empresarios están presos y otros perseguidos por estafar a Bancos.” “Los financistas de Wall Street ganan más en medio de las crisis que condenan a millones a la miseria y los llevan al suicidio.” “Para los imperialistas capitalistas las guerras son un negocio, dan mucho lucro.”

Los negocios alteran gravemente el equilibrio ecológico, derriten los polos, alteran el clima, contaminan, ponen en peligro la existencia de la vida, pero siguen siendo un negocio.” “La gente protesta porque no tiene.” “Otros protestan por tener oportunidad de tener.” “Una gran fuerza militar y psicológica mundial protege al mercado.”

Con los votos de los que nada poseen eligen Presidentes que representan a los que desde el comienzo de los tiempos todo lo poseen.” “ Los que no poseen van a la guerra a defender las riquezas de los que los despojan.” “Los que no poseen se matan entre ellos.” “Los humildes son los principales enemigos de los humildes.” “Los poseedores se unen bajo un mismo estandarte”.


Si estudiamos los datos anteriores veremos que guardan relación: todos tienen en el fondo la necesidad, la compulsión de poseer mercancías, no importa el costo, no importa el cómo.

Es así, el mundo se mueve por la exigencia de adquirir mercancías, aun a costa de la vida, por encima de las necesidades básicas.

El pensamiento de los clásicos se concreta: “El mundo de las mercancías, de las cosas, gobierna al mundo de los hombres”, y lo hace llevándolo, llevándonos a los límites de la locura, de la esquizofrenia.

Es así, el capitalismo valoriza al humano de acuerdo a la cantidad de mercancías que atesore, o mejor, a la capacidad de adquirir mercancías: mientras más, mejor; mientras más rápido, mejor. Las mercancías pierden vigencia, pierden su capacidad de conferir prestigio al poseedor, y deben ser sustituidas. De esta manera se produce una circulación demencial de mercancías que permite al capitalismo acumular.

La circulación de mercancías es para el capitalismo como la circulación de la sangre para el cuerpo, si se detiene viene la muerte.

El capitalismo, la dominación actual, la cultura que la sustenta está signada por esta circulación macabra: todo se piensa, se siente, se organiza alrededor de estas necesidades artificiales, de conseguir su satisfacción a como dé lugar.

Se teje una fina e imperceptible red de dominación que funciona de manera espontánea, que hace de la política el reino de las mercancías.

Éstas, su circulación, su compra y su venta, determinan las acciones políticas.

La política con las elecciones burguesas, tal como se ha dicho, se transformó en un gran mercado, los candidatos son productos, mercancías.

Pero, también las ideas, las acciones son mercancías, orbitan, son condicionadas por la compra y la venta. El que mejor se venda, el que más ofrezca, gana. El que ofrezca poco, el que se venda con deficiencia, ese pierde.

La voluntad consumista de las masas

condiciona la política burguesa, y condiciona

la conducta de los gobernantes, le

pone coto a su acción, no pueden gobernar

ni gobernarse fuera de la voluntad de

la circulación de las mercancías, son esclavos

del mundo de las cosas.


La Revolución, el rompimiento de la dominación, es en esencia la fractura del mundo de las mercancías, de la cultura que le da origen,lo sustenta. P ara eso es necesario en primer término, fortalecer la ideología que guíe el rompimiento con las necesidades artificiales y patológicas. En segundo lugar, sustituir el sistema electoral burgués, o mejor, el mercado electoral burgués. Tercero, concientizar al pueblo. Cuarto, agrupar en una vanguardia, en un partido a los más conscientes, estos prefigurarán el mundo de las nuevas necesidades, de las nuevas relaciones, donde el humano regrese al centro de la vida, y las cosas ocupen su lugar de subordinadas, así labrarán la autoridad moral para dirigir las acciones liberadoras.



viernes, 21 de octubre de 2011

Crimen de lesa humanidad en Libia Ejecutaron a Moammar Khadafi

Escrito por Stella Calloni

¿Se puede llamar triunfo de la democracia, la libertad, la razón, a la ejecución brutal del líder de un país, capturado herido, en un territorio arrasado por una invasión colonial, bombardeado día por día desde el 19 de marzo pasado por la Organización del Atlántico Norte (OTAN) y por los mercenarios y tropas especiales extranjeras llevados por esta coalición de la muerte?

¿A esto y al asesinato de más de 70 mil personas, al asedio y bombardeo durante más de un mes sobre una ciudad pequeña como Sirte le llaman democracia, libertad y razón, el presidente de Estados Unidos Barack Obama y otros europeos, entre ellos el “socialista” José Luis Rodríguez Zapatero de España, sin ningún pudor? Sin olvidar las sonrisas de Nicolás Sarkozy o de Silvio Berlusconi, que hoy festejan en una Europa incendiada por la protesta cuyo futuro es oscuro y trágico, como toda vuelta atrás en la historia

Obama dijo también que espera “la conformación de un gobierno interino”. Entonces ¿qué gobierno es el que reconoció junto a sus socios en la aventura colonial en agosto psado y el que instó a reconocer en la última Asamblea de la ONU?

¿El mismo que estaba conformado por escasos hombres libios, como mascarón de proa, mientras que la mayoría eran mercenarios de Al Qaeda y cuya bandera monárquica quedó flameando en ese recinto, para deshonra del mundo?.

Todo esto actuado bajo un falso “humanitarismo” para “proteger” los derechos humanos del pueblo libio, al cual los invasores masacraron sin piedad alguna, aplicando atroces torturas y asesinatos, incluyendo racistas, como lo denunció la propia Amnesty Internacional.

La calidad moral y humanitaria de los invasores ha sido claramente expuesta por los escasos seguidores de la verdad, mediante notas, videos, transmisiones directas como lo hace Telesur de Venezuela desde el terreno de los acontecimientos, periodistas verdaderamente libres si la libertad es sinónimo de verdad y desafío al discurso único maniqueo y brutal del imperio.

Es posible que a la izquierda “moderna y “superada” no le guste la palabra “imperio”, aunque no se sabe como le llamen a esto o qué definición existe que reemplace incluso a lo establecido en los diccionarios del mundo.

Lo que sucede en Libia es una invasión imperial-colonial, aprobada por Naciones Unidas, resistida con todo su derecho (universal por cierto) por el pueblo libio y su mejor dirigencia.

La inmoralidad quedaba asentada desde que el 23 de agosto pasado el llamado Consejo Nacional de Transición (CNT) de Libia -organización no creada por el pueblo, al que dejaron fuera de toda decisión, sino por las potencias invasoras- ofreciera pagar un millón 600 mil dólares y amnistiar a quien “mate o entregue vivo” al líder libio Muamar El Gadafi.

Desde el momento en que el 19 de marzo pasado Francia y Gran Bretaña comenzaron a bombardear Libia con la OTAN detrás. adelantado la intervención en gran escala a partir del 31 de ese mes, la “mano extranjera” fue la ejecutora del plan maestro de Estados Unidos con el objetivo de apoderarse del petróleo, el gas, el oro, el agua, las reservas de más de 270 mil millones de euros, que ingenuamente Gadafi creyendo en la “decencia europea” depositó en sus bancos.

Y detrás también está el proyecto estadunidense de golpear al euro, y de control de Africa, con la creación del Comando Africom, mediante un diseño absolutamente recolonizador y una extendida Doctrina Monroe, destinada a la colonización de América Latina en el siglo XIX (1823) y rescatada en pleno siglo XXI por el aspirante a candidato a la presidencia del Partido Republicano Mitt Romney, quien el pasado 7 de octubre sostuvo que Dios había creado a Estados Unidos para dominar al mundo y advirtió que su país “debe conducir al mundo o lo harán otros”.

El pueblo europeo será también otro gran perdedor en esta y otras guerras. Los gobiernos de Europa sustentaron el diseño fascista del control del mundo que reconocen dirigentes como Romney en Estados Unidos, que es a la postre el país que se quedará con lo mejor en el reparto criminal de los restos de un país arrasado con el silencio cómplice del mundo. Hoy mismo por CNN había quienes exigían una actuación similar a la de Libia contra Cuba, Venezuela y otros países. El fundamentalista Romney no está solo en el país del Ku klux Klan y del Tea Party y los terroristas cubano- americanos de Miami que bien acompañan a los lobos aullantes del sistema.

Miles de bombardeos han arrasado la infraestructura moderna creada por Gadafi en beneficio de su pueblo, al que sacó de las tinieblas del colonialismo y cuyo nivel de vida-reconocido por organismos internacionales- era el más alto de la región.

Ahora las empresas de los aliados de la OTAN se disputan también la “reconstrucción” del país que destruyeron, lo que será pagado con el dinero robado y saqueado a los libios.

Durante más de ocho meses los bombardeos mataron a miles de personas, dejando gravemente heridos y mutilados a otros miles mientras los mercenarios violaron a mujeres, torturaron y ejecutaron bajo atroces sufrimiento a una buena parte de la población negra y africanos que vivían en ese país. Y todo esto en una población de poco más de seis millones de habitantes.

¿Qué hará el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo ante los crímenes de lesa humanidad cometidos por los invasores de Libia?

Quizás si accionara como corresponde remediaría en algo la ilegalidad de su actuación anterior al decidir el juzgamiento de Khadafi y sus hijos cuando la OTAN bombardeaba Libia matando a uno de éstos y su familia, entre ellos tres niños.

Moreno Ocampo acusó a Khadafi por un supuesto bombardeo contra manifestantes en Trípoli que nunca existió, todo a pedido de la ONU para tratar de crear un justificativo falso a su resolución 1973.

El coro de periodistas e intelectuales que repitió este discurso falso no sólo provino de la derecha colonial y tradicional aliada del poder hegemónico sino de algunos sectores de izquierda “socialdemócrata” -si puede haberla- o centroeuropeístas y de otros tan radicales que su pureza está más allá del bien y el mal, lo que finalmente sirve a las peores causas.

El brutal asesinato de Gadafi televisado como un mensaje de terror demuestra de qué se trata la acción “humanitaria” del poder hegemónico en Libia.

El relato único para crear un consenso mundial sobre el tema Libia se desmorona, pero la impunidad que le aseguró el aterrador silencio de la comunidad internacional, salvo dignas y honrosas excepciones hará que ahora sea uno de los “modelos de acción” que se intente imponer sobre aquellos países del mundo en proceso de liberación o desobedientes a las órdenes de Washington.

O de Wall Street,como sea que sea la verdadera esencia imperial que avance en esta expansión sin fronteras en el mundo soñada por el más delirante fundamentalismo de las últimas décadas, en lo que también se esconden las decadencias, las crisis morales y económicas, los cantos de sirenas, que finalmente sólo son cantos fatuos y sirenas falsas.

En la lista de los “próximos” siguen varios países además de sus actuales intentos contra Siria y el burdo complot que le atribuyen a Irán, que hace aguas por todas partes, tanto que hasta fue cuestionado por congresistas de Estados Unidos,

Por lo pronto la alegría de los mercenarios que esperan repartirse el botín de la recompensa,que seguramente quedará en manos de sus jefes de las tropas especiales-tan criminales como ellos- de Estados Unidos, Francia Gran Bretaña y otros.

La realidad es que la OTAN ha creado un héroe, un mito, una leyenda que comenzará a andar por los caminos y las cuevas, por el desierto, por los silencios plagados de murmullos de un pueblo que llora a escondidas la muerte de su líder y de todos los que han perecido para que los invasores cumplan su objetivo de no dejar nada en pie, salvo los bienes por los que llegaron en nombre del “humanitarismo”.

La resistencia heroica obligó a los atacantes a mostrarse ante el mundo cada vez más como fuerzas invasoras y se hizo evidente el uso de mercenarios llevados al lugar con la implicancia que esto tiene para el pueblo libio.

Gadafi ha pasado a la eternidad, porque su asesinato miserable, cobarde y cruel, ternina convirtiendo al líder libio en un modelo de dignidad para la resistencia que habrá de continuar sobre escombros y cenizas, como sucede en Afganistán e Iraq (diez años después en el primer país y ocho en el segundo) pero esencialmente sobre la memoria del genocidio de un pueblo que nunca olvidará y que nos reclama solidaridad.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Palestina-Israel: La demografía como paradoja del terror


ESCRITO POR YURI MARTINS FONTES

La situación de desequilibrio entre las fuerzas del Estado israelí -apoyado incondicionalmente por Estados Unidos- y el pueblo palestino, sin ejército, que usa armas caseras arcaicas, ha transformado este conflicto en un lento genocidio. Recientemente se ha llegado a tal punto en la práctica de terror – apesar de los pronunciamientos infructíferos de la ONU, que varias de las propias víctimas del Holocausto han salido a denunciar públicamente las semejanzas entre las prácticas del gobierno sionista con las del régimen hitleriano. Estas similitudes se dan tanto en cuestiones de tortura y experiencias de crueldad con seres humanos, como en el uso de armas químicas prohibidas por las leyes internacionales, cuyo saldo de víctimas es apabullante.

El problema, en el nuevo siglo cuenta con un nuevo agravante: la gran tasa demográfica de los palestinos supera con creces a la de los israelíes, lo que en pocos años, obligará a que Israel, para mantener los privilegios de los judíos, sea forzado a dejar de lado sus últimos resquicios de "Estado democrático". Así, tendrá que limitar el poder de voto de sus ciudadanos no-judíos, o peor aún, expulsar o asesinar a esos ciudadanos no deseados, en una gigantesca limpieza étnica.

A todo eso, si se observan las acciones bélicas de exterminio en masa de los últimos tiempos – denunciadas por organizaciones internacionales – se percibe que Israel camina rápidamente hacia un Estado despótico y racista, un Estado de características nazis. Este aparente absurdo institucional no está lejos de tornarse real, como este reportaje trata de mostrar ahora, basándose en datos de organismos públicos y otros de prestigio internacional.

La gran paradoja es que la presentación diplomática del líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, en las Naciones Unidas, abogando por la solución de "dos Estados", es justamente la única salida que podría salvar el pueblo judío de tan bárbaro rumbo. La ANP, a pesar de la oposición de Israel y de EEUU, ya tiene el apoyo de 130 de los 193 paises miembros, además del reconcimiento de la UNESCO, y aunque los EEUU veten la propuesta de reconocimiento del Estado Palestino, eso sería un paso más hacia el aislamiento de ambos imperialismos por la comunidad internacional.

Crimenes de guerra, exterminio, cobayas humanas y campos de concentración

Para que se tenga una idea del grado de terror a que llegó el Estado sionista israelí, recordemos los datos recientes. En el último bombardeo masivo a Gaza (2008/2009), la desproporción de fuerzas fué tal que las tasas del desequilibrio bélico hablan de un israelí muerto para cerca de 100 palestinos. Dos tercios de las 1300 víctimas eran civiles, y gran parte de ellos, niños.

Conforme al analisis del sociólogo de la Universidad de Río de Janeiro, Emir Sader, la matanza fue "uno de las peores que el mundo conoció en los últimos tiempos". Bajo la premisa de que "no hay inocentes en Gaza", esta zona de alta densidad poblacional, fué bombardeada tal cual un gran campo de concentración a cielo abierto. Fueron lanzados sobre el territorio mil toneladas de bombas, en un golpe que destruyó lo poco que restaba de la infraestructura pública – hospitales, fábricas y escuelas – en una zona que es una de las más pobres del mundo, donde se amontonan 1,5 millón de personas.

Segun revelaron relatos de la Cruz Roja, de Amnistía Internacional y de la ONU, los comandantes israelíes en esa ocasión, ordenaron el uso de armas químicas, en una clara violación de la ley internacional de guerra. Lo principal de esos documentos, apunta indicios de que la brigada de paracaidistas de Israel tiró sobre la población – indiscriminadamente- del campo de refugiados de Biet Lahiya, al menos 20 bombas de fósforo blanco. El uso del fósforo solo es permitido para iluminación en areas no pobladas, puesto que es una sustancia altamente inflamable que reacciona con el oxígeno y causa graves quemaduras. Al explotar, esos artefactos lanzan a larga distancia fragmentos que se pegan a la piel y siguen en combustión aún despues de penetrarla.

Como si no bastara eso, dos médicos noruegos de la ONG Norwac, Mads Gilbert e Erik Fosse – con 20 años en la región – denunciaron el empleo de una nueva arma conocida comoExplosivo de Metal Denso. Se trata de una pequeña bomba envuelta por carbono, con una camada de fierro, cuya explosión, "en un radio de algunos metros, corta un cuerpo al medio, como si fuera atravesado por agujas", afirmaron los médicos. Estas armas, todavia no usadas en gran proporción por los EEUU, convirtieron a los palestinos en cobayas humanas, experiencia abominable que muchos de los padres de esos soldados judíos conocieron, no hace mucho, en las manos de Hitler.

En la ocasión, el embajador palestino en Brasil, Ibrahim Al Zaben, dijo que un conflicto así no puede ser llamado de guerra: "Una guerra existe cuando se da el enfrentamento de dos Estados, dos ejércitos; pero el pueblo palestino no tiene Estado y ni siquiera ejército". Poco tiempo después, a semejanza de varias naciones, el presidente Lula firmó el reconocimiento de Brasil al Estado Palestino con bases a las fronteras de 1967.

El odio que se planta se cosecha

Desde entonces, diversas manifestaciones de israelíes que sufrieron con el nazismo alemán llaman la atencion del público, en sus críticas al gobierno sionista.

Hijo de sobrevivientes del holocausto, el investigador Norman Finkelstein, autor de “La industria del Holocausto”, afirmó que las acciones israelíes contra los árabes "son comparables a la de los nazis contra los judíos". Como ejemplo, él ha citado el desplazamiento forzado de palestinos, después de la guerra de 1948, cuando los israelíes tomaron -con la ayuda del ejército – inmensas porciones de territorio de los árabes, a título de "tierras abandonadas". Para Finkelstein, la ola de ataques suicidas por parte de jóvenes palestinos, es "un gesto de desesperación". El autor, despues de visitar el sur del Líbano, que estuvo bajo dominio israelí por dos décadas, declaró: "Es un campo de concentración".

Otra significativa acusación de los crímenes israelíes fue hecha por una mujer judía que logró huir de Alemania, y cuyos padres murieron en Auschwitz. Para Hedy Epstein, las acciones del gobierno israelí muestra que ellos no aprendieron nada con las persecuciones de los judíos a lo largo de la historia: "¿Cómo ellos pueden hacer lo mismo con los palestinos?", declaró a la BBC de Londres. Advirtió además, que “estas acciones horribles" ciertamente tendrán como consecuencia el aumento del antisemitismo por el mundo". De hecho, suena bastante natural el reportaje del sensacionalista “Clarín”, en octubre pasado, al apuntar que una gran parte de los argentinos no quieren judíos como vecinos. Aunque ellos les "parezcan inteligentes", son "poco confiables", dice la encuesta. Sin embargo, los sionistas siguen construyendo, alimentando esa discriminacion.

De la práctica del terror a la suya institucionalización

La tendencia a la derechizacion de la opinion pública israelí en los últimos años es clara. Michel Warschawski, director del Centro de Información Alternativa de Jerusalém, y autor de "Al borde de un túmulo: la crisis de la sociedad israelí" (Monthly Review Press/2004), considera "particularmente significativo" que parte de la derecha ya se ha dado cuenta de que la "democracia israelí está en peligro". Él explica que desde siempre, "la mesquina democracia israelí se basó en la expresión de la voluntad de la mayoría sobre la minoría", por el médio clásico usado por el liberalismo para oprimir: las elecciones. Pero ahora lo que ocupa el espacio de la "democracia liberal" es una "nueva ideología que combina militarismo nacionalista, fundamentalismo religioso, racismo y mesianismo", lo que sumado, viene a custionar los principios democráticos de la fundacion del Estado judío. Los progresistas ya perdieron las esperanzas, dice él. Israel se convirtió en un Estado fundamentalista, y luego podrá configurarse en un Estado fascista.

Un quinto de la población de 7,3 millones de israelíes es árabe. Constituyen la parte pobre y discriminada de una sociedad cuya concentracción de renta (índice Gini) es una de las más grandes del mundo. Su acceso a los empleos públicos es practicamente imposible, por ser vistos como enemigos potenciales.

Analistas – muchos de ellos, judíos –vienen afirmando desde tiempo atrás, que la solución de los “dos Estados” es la más provechosa para Israel. Eso porque, como explica el profesor de Relacciones Internacionales de la Universidad Hebraica, Arye Katzovich: “Si Israel no permite a los habitantes de los territorios ocupados ser independientes, el país no más podrá existir como 'Estado judío y democrático'”. Eso es de una lógica sencilla: la población árabe-israelí en pocos años superará la judía – debido a las altas tasas de natalidad de un pueblo pobrísimo y sin acceso a la información sobre el control familiar. Conforme apuntan estudios demográficos, los árabes-israelíes son hoy 19,4% de la población de casi 8 millones, pero su tasa demográfica es de dos veces a la de los judíos. Ocurre que si los sionistas no permitieran un Estado palestino hacia donde “deportar a los árabes”, solo habría dos posibilidades: o los árabes acaban por controlar el Estado por medio del voto, o, a la semejanza del Apartheid sudafricano, tendrían necesidad de un régimen autoritario segregacionista que les permitiría retener el poder en manos de la entonces minoria judía”.

Al límite, podria darse también algo como el modo de extermínio nazi – siempre en nombre de la manutención del Estado del “pueblo elegido”. De hecho, el filósofo Henri Lefebvre, a mediados del siglo XX, ya notó tal semejanza: "Los ideólogos hitlerianos tomaron del antiguo judaísmo la idea de un pueblo elegido y de una raza, la cual perfeccionaron en nombre de consideraciones biológicas discutibles". Y ahora, los nuevos membros del pueblo elegido, después del optimismo débil de la experiencia democrática liberal, parecen querer volver al pesimismo del fundamentalismo político-religioso basado en el terror.


lunes, 17 de octubre de 2011

JRUSCHOV ENTRE EN REVISIONISMO Y LA TRAICIÓN


"Qué requisitos han de llenar los continuadores de la causa revolucionaria del proletariado? Deben ser verdaderos marxistas-leninistas, y no, como Jruschov, revisionistas disfrazados de marxista-leninistas. Deben ser revolucionarios que sirven de todo corazón a la inmensa mayoría de las masas populares de China y del mundo, y no individuos como Jruschov, que sirve a los intereses de una exigua capa social burguesa privilegiada en su país, y a los intereses del imperialismo y la reacción en el plano internacional". Mao Tse-tung


Escrito por Enver Hoxha

LA ESTRATEGIA Y LA TACTICA DE JRUSCHOV A NIVEL INTERNO DE LA UNION SOVIETICA

Las raíces de la tragedia de la Unión Soviética. Las etapas que atravesó Jruschov para usurpar el poder político e ideológico. La casta jruschovista enmoheció la espada de la revolución. ¿Qué se ocultaba detrás de la "dirección colectiva" de Jruschov? Jruschov y Mikoyan, cabezas del complot contrarrevolucionario. El viento del liberalismo sopla en la Unión Soviética. Jruschov y Vorochilov se expresan abiertamente contra Stalin.

Jruschov erige su propio culto. Los enemigos de la revolución son proclamados «héroes»y «víctimas».

Una de las orientaciones principales de la estrategia y de la táctica de Jruschov a nivel interno de la Unión Soviética, consistía en tomar totalmente en sus manos el poder político e ideológico y poner a su servicio el ejército soviético y la seguridad del Estado.

Para realizar este objetivo el grupo de Jruschov debía actuar por etapas. En un principio no atacaría frontalmente el marxismo-leninismo, la edificación del socialismo en la Unión Soviética y a Stalin. Por el contrario, este grupo se apoyaría en las realizaciones alcanzadas, incluso las exaltaría lo más posible, para sentar el crédito y Suscitar una situación de euforia, con el fin de poder más tarde llegar a minar la base y la superestructura socialistas.

En primer lugar, este grupo renegado tenía que apoderarse del partido, a fin de aniquilar la posible resistencia de aquellos cuadros que no habían perdido la vigilancia revolucionaria de clase, neutralizar a los vacilantes y atraerlos a sus filas por medio de la convicción o de las amenazas y al mismo tiempo promover a los puestos clave de dirección a los elementos nocivos, antimarxistas, arribistas, oportunistas, elementos que, naturalmente, no faltaban en el Partido Comunista de la Unión Soviética y en los aparatos del Estado soviético.

En el Partido Comunista de la Unión Soviética, al salir de la Gran Guerra Patria aparecieron ciertos fenómenos negativos. La situación económica difícil, las devastaciones, las destrucciones, las grandes pérdidas humanas que tuvieron lugar en la Unión Soviética, exigían una movilización total de los cuadros y las masas para asegurar la consolidación y el progreso del país. Pero en lugar de esto se vio un envilecimiento del carácter y de la moralidad de muchos cuadros. Por otra parte, con su presunción ostentosa por las gloriosas batallas ganadas, con sus condecoraciones y privilegios y muchos otros vicios y concepciones erróneas, los elementos megalómanos despojaban al partido de su vigilancia, lo carcomían desde dentro. En el ejército se creó la casta que extendió su dominación brutal y arrogante también al partido, desnaturalizando su carácter proletario. La casta enmoheció la espada de la revolución que debería ser el partido. Pienso que en el Partido Comunista de la Unión Soviética, ya antes de la guerra, pero de modo particular después de ésta, se debieron observar signos de una apatía condenable. Este partido gozaba de gran renombre, había logrado también grandes éxitos en su camino, pero al mismo tiempo había comenzado a perder su espíritu revolucionario, y el burocratismo y la rutina lo estaban contaminando. Las normas leninistas, las enseñanzas de Lenin y de Stalin habían sido convertidas por los aparatchiks en fórmulas y slogans resobados y sin valor para la acción. Gran país era la Unión Soviética, el pueblo trabajaba, producía, creaba. Se decía que la industria se desarrollaba con los ritmos requeridos, que la agricultura socialista progresaba, pero este desarrollo no era del nivel deseado.

No era la línea “errónea” de Stalin la que frenaba el progreso, al contrario, esta línea era correcta, marxistaleninista, pero a menudo era mal aplicada, incluso deformada y saboteada por elementos hostiles. La justa línea de Stalin era deformada también por los enemigos camuflado s en las filas del Partido y en los organismos del Estado, por los oportunistas, liberales, trotskistas, revisionistas, como eran, y salieron abiertamente más tarde, los Jruschov, los Mikoyan, los Suslov, los Kosiguin, etc.

Jruschov y sus íntimos colaboradores en el putsch, ya con anterioridad a la muerte de Stalin, se contaban entre los más altos dirigentes que actuaban bajo cuerda preparando y esperando el momento propicio para una acción abierta y a. gran escala. De hecho, todos estos traidores eran conspiradores avezados en la experiencia de los diversos contrarrevolucionarios rusos, en la experiencia de los anarquistas, trotskistas, bujarinistaso Conocían también la experiencia de la revolución y del Partido Bolchevique, mas de la revolución nada de bueno habían aprendido, sólo aprendieron aquello que necesitaban para minada y minar el socialismo, escapando a los golpes de la revolución y la dictadura del proletariado.

En una palabra, eran contrarrevolucionarios y elementos de doble cara en sus acciones. Por un lado dedicaban alabanzas al socialismo, a la revolución, al Partido Comunis.ta Bolchevique, a Lenin y Stalin y, por el otro, preparaban la contrarrevolución.

Toda esta zupia acumulada saboteaba, pues, valiéndose de los métodos más sutiles, los cuales enmascaraba con elogios a Stalin y al régimen socialista. Estos elementos desorganizaban la revolución organizando la contrarrevolución, se mostraban“severos” contra los enemigos internos para difundir el miedo y el terror en el partido, en el Poder y en el pueblo. Eran siempre ellos los que rendían cuentas a Stalin de una situación de euforia que creaban artificialmente, mas en realidad socavaban la base del partido, la base del Estado, degeneraban los espíritus y elevaban por las nubes el culto a Stalin, a fin de poder derrocarlo más fácilmente mañana.

Esta era toda una actividad hostil y diabólica que había agarrado por el cuello a la Unión Soviética, al Partido Comunista de la Unión Soviética y a Stalin, que, tal como vendrían a mostrar los hechos históricos, estaba rodeado de enemigos. Casi ninguno de los miembros del Presidium y del Comité Central levantó su voz en defensa del socialismo y de Stalin.

Si se procede a un minucioso análisis de las directrices políticas, ideológicas y organizativas de Stalin en la dirección y la organizacion del partido, de la lucha y del trabajo, no se encontrará en general ningún error de principios, mas si tenemos en cuenta cómo estas directrices eran deformadas por los enemigos, y cómo eran puestas en práctica, veremos las funestas consecuencias de estas deformaciones y aparecerá por qué el partido comenzó a burocratizarse, a dejarse invadir por un trabajo de rutina, por un formalismo nefasto que lo paralizaban, que sofocaban su espíritu y su ímpetu revolucionario. El partido se iba cubriendo de un espeso moho, caía en la apatía política, pensando erróneamente que sólo la cabeza, la dirección, actúa y resuelve todo.

Una concepción semejante creó una situación en que por todas partes y ante cualquier problema se decía “esto concierne a la dirección”, “el Comité Central es infalible”, “esto lo ha dicho Stalin y se acabó”, etc. Puede ser que muchas cosas que Stalin no dijera, eran encubiertas con su nombre. Los aparatos y los funcionarios se hicieron “todopoderosos”, “infalibles”, actuaban en la vía burocrática bajo las fórmulas del centralismo democrático, de la crítica y la autocrítica bolcheviques, que en realidad ya no eran bolcheviques. Así, pues, no hay duda de que el Partido Bolchevique había perdido su vitalidad de antaño. Este partido vivía con fórmulas correctas, pero sólo eran fórmulas; aplicaba, pero había perdido toda iniciativa; los métodos y las formas de trabajo que se utilizaban en la dirección del partido arrojaban un balance opuesto a los resultados esperados.

En estas condiciones, las medidas administrativas burocráticas empezaron a predominar sobre las medidas revolucionarias. La vigilancia ya no era operante, porque tampoco era ya revolucionaria, a pesar de que a son de trompeta se la declarase como tal. De una vigilancia de partido y de masas, se convertía en una vigilancia de los aparatos burocráticos y se transformaba de hecho, aunque no enteramente desde el punto de vista de las formas, en una vigilancia de la seguridad del Estado, de los tribunales.

Es comprensible que en este orden de cosas existente en el Partido Comunista de la Unión Soviética, echaran raíces y empezaran a cultivarse sentimientos y puntos de vista no proletarios, ajenos a la clase, en, las filas de los comunistas y en la conciencia de muchos de ellos. Poca a poco comenzó a extenderse el arribismo, el servilismo, la charlatanería, el nepotismo mórbido, la moral anti-proletaria, etc. Todo esto corroía el partido desde dentro, sofocaba el espíritu de lucha de clases y del sacrificio y empujaba a la búsqueda de una vida “agradable”, tranquila, de privilegios, de ventajas personales, de menor trabajo y esfuerzos. Así creó la mentalidad burguesa y pequeño-burguesa que se observaba o se expresaba a través de fórmulas y de juicios tales como: “Nosotros hemos trabajado, combatido y vencido par este Estado socialista, ahora gocemos y aprovechemos. Nosotros somos invulnerables, el pasado nos cubre todo». El mal peor era que esta mentalidad estaba tomando cuerpo también en los viejos cuadros del partido, con un buen pasado y de origen proletario, e igualmente en los miembros del Presidium del Comité Central, los cuales debían ser un ejemplo de pureza para los demás. Muchos de estos cuadros se encontraban en la dirección, en los aparatos y utilizaban bellamente las palabras, las frases revolucionarias, las fórmulas teóricas de Lenin y Stalin, cosechaban los laureles del trabajo ajeno y estimulaban el mal ejemplo.

Así, en el Partido Comunista de la Unión Soviética se iba creando una aristocracia obrera de cuadros burócratas.

Este proceso de degeneración se desarrollaba, desgraciadamente, bajo las consignas «alegres» y «prometedoras» de «todo marcha bien, normalmente, de acuerdo a las normas y leyes del partido», que de hecho eran violadas, «la lucha de clases sigue desarrollándose», «el centralismo democrático es preservado», «la crítica y la autocrítica continúan como antes», «existe la férrea unidad en el partido», «ya no hay elementos fraccionalistas y anti-partido», «pasó el tiempo de los grupos trotskistas, bujarinistas»., etc., etc. Este deformado concepto de la situación, que es donde reside la esencia del drama y del error fatal, era considerado en general, incluso por los elementos revolucionarios, como una realidad normal, por eso se pensaba que no existía ningún motivo de alarma, que los enemigos, los ladrones, los que infringían la moral eran condenados por los tribunales, que los miembros indignos del partido eran expulsados como de costumbre y, como de costumbre, se admitían otros nuevos, que los planes se realizaban, aunque en algunos casos no lo fueran, que la gente era criticada, condenada, elogiada, etc. De este modo, la vida, según ellos, seguía normalmente su curso y así se le informaba a Stalin de que“todo marcha normalmente”. Estamos convencidos de que si Stalin, como gran revolucionario que era, hubiera conocido la situación real en el partido, habría asestado un golpe demoledor a este espíritu malsano y el partido y el pueblo soviético se habrían levantado, porque, con razón, ellos tenían gran confianza en Stalin.

Los aparatos no sólo no informaban correctamente a Stalin y deformaban burocráticamente sus justas directrices, sino que habían creado una tal situación en el partido y en el pueblo, que cuando el mismo Stalin, en la medida en que le permitían su edad y su salud, se reunía con las masas del partido y del pueblo, éstas no le informaban de las deficiencias y los errores que sucedían, ya que los aparatos habían inculcado a los comunistas y a las masas la idea de que“no debemos inquietar a Stalin”.

El gran ruido que levantaron los jruschovistas sobre el pretendido culto a Stalin era en realidad un bluf. Este culto no había sido cultivado por Stalin, que era un hombre sencillo, sino por toda la bazofia revisionista acumulada a la cabeza del Partido y del Estado, que, entre otras cosas se valía del gran cariño que los pueblos soviéticos mostraban por Stalin, particularmente después de la victoria sobre el fascismo. Si se lee los discursos de Jruschov, Mikoyan y de todos los otros miembros del Presidium, se verá los elogios desenfrenados e hipócritas que estos enemigos prodigaban a Stalin mientras éste estuvo en vida. Esta lectura provoca nauseas cuando piensas que detrás de estos elogios, dichos elementos ocultaban su trabajo hostil a los ojos de los comunistas y de las masas, los cuales estaban engañados al pensar que tenían ante sí dirigentes fieles al marxismo-leninismo y camaradas leales a Stalin.

Incluso después de la muerte de Stalin los “nuevos” dirigentes soviéticos y sobre todo Jruschov se abstuvieron todavía por un tiempo de hablar mal de Stalin, hasta lo valoraban y lo trataban de “gran hombre”, de “líder con una autoridad indiscutible”, etc. Jruschov tenía que hablar así para ganar crédito dentro y fuera de la Unión Soviética, para hacer creer que era “fiel” al socialismo y a la revolución, “continuador” de la obra de Lenin y de Stalin. Jruschov y Mikoyan eran los más encarnizados enemigos del marxismo-leninismo y de Stalin. Uno y otro eran la cabeza del complot y del putsch, que habían preparado desde hacía tiempo con arribistas y antimarxistas del Comité Central, del ejército y dirigentes de la base. Estos putschistas no descubrieron su juego inmediatamente después de la muerte de Stalin, sino, cuando debían, y a medida que les era necesario continuaban vertiendo su veneno, mezclándolo con alabanzas a Stalin. Debo decir que Mikoyan en particular, en los numerosos encuentros que me ha tocado tener con él, jamás ha pronunciado un elogio a Stalin, por más que en discursos y peroratas, viniera y no viniera a cuento, los putschistasentonaran ditirambos y glorias a Stalin.

Alimentaban el culto a Stalin a fin de aislarIo lo más posible de las masas, y, enmascarándose tras este culto, preparaban la catástrofe.

Jruschov y Mikoyan actuaron de acuerdo a un plan preestablecido y, con la muerte de Stalin, encontraron libre campo de acción, debido asimismo a que los otros, desde Ma1enkov a Vorochilov, pasando por Beria y Bulganin, se mostraron no sólo ciegos, sino también ambiciosos y cada uno pugnaba por el Poder.

Estos y otros, viejos revolucionarios y comunistas honrados, se habían convertido ya en representantes típicos de esa rutina burocrática, de esa “legalidad” burocrática que había sido instituida y, cuando tímidamente quisieron recurrir a esta “legalidad” contra el complot manifiesto de los jruschovistas, la acción había sido consumada desde hacía tiempo.

Jruschov y Mikoyan, en perfecta unidad, supieron maniobrar entre aquéllos, oponer unos a otros. En pocas palabras, pusieron en acción la táctica siguiente: crear rencillas y escindir el Presidium, organizar las fuerzas putschistas fuera de éste, continuar hablando bien de Stalin para tener las masas de decenas de millones consigo y aproximar así el día de la toma del Poder, liquidar a los adversarios y toda una época gloriosa de la construcción del socialismo, las victorias de la Guerra Patria, etc. Toda esta actividad febril (y esto nosotros lo notábamos) tendía a crear la popularidad de Jruschov dentro y fuera de la Unión Soviética.Jruschov, bajo el paraguas de las victorias que la Unión Soviética y el Partido Comunista de la Unión Soviética habían logrado con Lenin y Stalin a su cabeza, hacía todo lo posible por que los pueblos y los comunistas soviéticos pensaran que nada había cambiado, que un gran dirigente había muerto, pero que un dirigente «todavía más grande» subía, y ¡qué dirigente!, «¡todo igual de fiel a los principios y leninista, e incluso más que su predecesor, pero liberal, popular, sonriente, lleno de humor y jovialidad!».

Mientras tanto, la víbora revisionista, que iba tomando sus impulsos, empezó a verter su veneno sobre la figura y la obra de Stalin, al comienzo no atacando a Stalin por su nombre, sino lanzándole golpes indirectos.

En uno de los encuentros que tuve con Jruschov, en junio de 1954, en un plano supuestmente de principios y teórico empezó a explicarme la gran importancia de la «dirección colectiva», los grandes daños que entrañaba la substitución de aquélla por el culto a una persona, me llegó a mencionar también unos pasajes aislados de Marx y de Lenin para darme a entender que sus afirmaciones tenían un «fondo marxista-leninista».

De Stalin no dijo nada malo, en cambio descargó todas sus baterías contra Beria, acusándolo de faltas reales e imaginarias. Lo cierto es que en esta etapa inicial de su ofensiva revisionista, Jruschov no tenía mejor carta que Beria si quería poner en práctica sus planes secretos. Como he escrito más arriba, Jruschov presentó a Beria como el responsable de muchos de los males; éste habría subestimado el papel del primer secretario, habría perjudicado la «dirección colectiva», habría intentado poner el Partido bajo la dirección de La Seguridad del Estado. Bajo la máscara de la lucha contra los daños causados por Beria, Jruschov, por una parte, se afianzaba en la dirección del Partido y del Estado y echaba mano del Ministerio del Interior, Y por otra parte, preparaba a la opinión para el ataque abierto que poco más tarde emprendería contra José Visarionovich Stalin, contra la verdadera obra del Partido Comunista Bolchevique de Lenin y Stalin.

Muchas de estas acciones y cambios inopinados nos causaban impresión, pero era demasiado pronto para que pudiéramos captar las verdaderas proporciones del complot que estaba siendo puesto en práctica. Sin embargo, desde entonces, no podíamos dejar de observar la naturaleza contradictoria de los actos y las ideas de este “nuevo dirigente” que tomaba las riendas de la Unión Soviética. Este mismo Jruschov que ahora se presentaba como un adepto de la “dirección colectiva”, algunos días antes, en un encuentro que habíamos tenido con él, se nos presentó, al hablarnos del papel del primer secretario del partido y del primer ministro, como un ardiente partidario del “papel del individuo”, y de la“mano dura”.

Después de la muerte de Stalin, se tuvo la impresión de que estas “personas de principios” habían establecido una dirección colectiva. Esto era propagado con gran bombo para señalar que“Stalin había violado el principio de la dirección colectiva”, que “había bastardeado esta importante norma de dirección leninista” y que “la dirección del partido y del Estado, de colegiada que era se había convertido en una dirección personal”. Esto era una gran mentira y los jruschovistas la difundían para preparar su propio terreno. Si la colegialidad había sido violada, la falta debía buscarse no en las correctas ideas formuladas por Stalin en lo que se refiere a diversos problemas, sino en las adulaciones rastreras de estos otros y en sus decisiones arbitrarias que tomaban deformando la línea en los diversos sectores que dirigían. Y ¡¿,cómo se podían controlar los actos de estos elementos anti-partido que habían rodeado a Stalin, en un momento en que ellos mismos propagaban la idea de que el“CC (el Comité Central) lo sabe todo”, “Ce-Ka znayet vsio” ?! (En ruso en el original). Actuando de este modo, estos individuos querían convencer al partido y al pueblo de que“Stalin sabe todo lo que pasa” y “él

aprueba todo”. En otros términos, en nombre de Stalin y por medio de los aparatchiks reprimían la crítica y buscaban convertir el Partido Bolchevique en un partido sin espíritu, en un organismo desprovisto de voluntad y energía, que vegetara de día en día, aprobando todo lo que decidía, urdía y deformaba la burocracia.

En la campaña por la pretendida instauración de una dirección colectiva, Jruschov trató de maniobrar hábilmente, levantando un ruido ensordecedor sobre la lucha en contra del culto a la personalidad. Ya no habría fotos de Jruschov en la prensa diaria, no habría grandes titulares colmándole de elogios, ahora se recurría a otra táctica, resobada: todos los periódicos estaban plagados de declaraciones públicas, de discursos de Jruschov, todo eran noticias que daban a conocer sus encuentros con embajadores extranjeros, su presencia cada noche en las recepciones de los diplomáticos, sus entrevistas con delegaciones de partidos comunistas, sus encuentros con periodistas, hombres de negocios, senadores norteamericanos y millonarios occidentales, amigos suyos. Toda esta táctica pretendía contraponerse al método del «trabajo cerrado de Stalin», a «su labor sectaria», que, según los jruschovistas, había sido muy nefasta para la apertura de la Unión Soviética al mundo exterior.

Esta propaganda jruschovista tenía por objeto mostrar al pueblo soviético que ya había encontrado a su

auténtico dirigente leninista, que sabe todo, que todo lo resuelve correctamente, que posee una vitalidad extraordinaria, que da la debida respuesta a quienquiera que sea”, y cuya actividad desbordante “hace que en la Unión Soviética se corrija todo, se borren los crímenes del pasado y se vaya adelante”... Me encontraba en Moscú, con motivo de una reunión de los partidos de todos los países socialistas. Fue en enero de 1956 si mal no recuerdo, cuando tuvo lugar una reunión consultiva sobre los problemas del desarrollo económico de los países miembros del COMECON. Era el tiempo en que Jruschov y los jruschovistas llevaban adelante su actividad hostil. Nos encontrábamos con Jruschov y Vorochilov en una villa a las afueras de Moscú, donde habían sido invitados a un almuerzo todos los representantes de los partidos hermanos. Los otros todavía no habían llegado. Nunca había escuchado de boca de los dirigentes soviéticos hablar abiertamente mal de Stalin, y yo, por mi parte, continuaba hablando con cariño y mucho respeto del gran Stalin. Al parecer, mis palabras no sonaban bien en los oídos de Jruschov. Mientras se esperaba la llegada de las atros camaradas, Jruschov y Vorochilov me dijeran:

-¿Podríamos ir fuera a dar un paseo?-

Salimos y nos adentramos en el parque. Jruschov le dice a Klim Vorochilav:

-Hable, háblele un poco a Enver de los errores de Stalin.

Puse mis oídos bien atentos, a pesar de tener desde hace tiempo mis sospechas acerca de sus fechorías. Y Varochilov empezó a hablarme de que “Stalin se ha equivocada en la línea del partida, que ha sido brutal, violenta de tal manera que era imposible discutir con él”.

- “Stalin -cantinuó Varochilav- ha permitido crímenes, cuya responsabilidad es totalmente suya. Se ha equivocado igualmente en el terreno del desarrallo de la economía, por consiguiente el epíteto de arquitecto de la ‘construcción del socialismo’ con el cual se le ha calificado, es injustificado. Con los demás partidos, Stalin no ha mantenido relaciones correctas...”

Vorochilav permaneció un largo tiempo, lanzando toda una sarta de cosas de este género en contra de Stalin.

Algunas las captaba, otras se me escapaban, pues como he dicho antes no dominaba bien el ruso, mas con todo logré comprender la esencia de la plática y el objetivo que estos dos perseguían, y me sentí indignado. Jruschov caminaba delante de nosotros y con su bastón iba tocando las coles que habían plantado en el parque. (Jruschov había hecho plantar legumbres hasta en los parques, para hacerse pasar también como un gran maestro en agricultura.)

Cuando Vorochilov acabó con sus habladurías y calumnias, le dije:

-¿Cómo es posible que Stalin haya cometido tales errores?

Jruschov, contrariado, se volvió y me respondió:

-Es posible, es posible, camarada Enver, Stalin ha hecho todas esas cosas.

-Ustedes habían observado todo esto cuando Stalin estaba en vida. Entonces, ¿cómo no le ayudaron a evitar esos errores que, según dicen, habría cometido? -pregunté a Jrusohov.

-Es natural, camarada Enver, que nos hagas esta pregunta, ahora ¿ves esta capusta*? Stalin te cortaba la cabeza con tanta facilidad como el jardinero puede cortar esto, y Jruschov golpeó una col con el bastón.

-¡Todo está claro! -, le dije a Jruschov y ya no volví a hablar.

Entramos en la casa. Los demás camaradas habían llegado. Yo hervía de ira. Aquella noche se nos serviría sonrisas y promesas para un «mayor» y más «impetuoso desarrollo» del socialismo, de «más ayuda» y «más amplia colaboración en todos los terrenos». Era el momento en que se preparaba el tristemente célebre XX Congreso, el tiempo en que Jruschov estaba caminando más rápidamente hacia la toma del Poder. Se estaba creando una imagen de dirigente mujik, «popular», que abría las cárceles y los campos de concentración, que no sólo no temía a los reaccionarios y los enemigos condenados y encarcelados de la Unión Soviética, sino que, al ponerlos en libertad, quería mostrar que entre éstos habían también « inocentes » .

Ya se sabe lo trotskistas, complotadores, contrarrevolucionarios que eran Zinóviev y Kámenev, Rikov y

Piatakov, lo traidores que eran Tukachevski y demás generales agentes del Intelligence Service o de los

alemanes. Pero para Jruschov y Mikoyan todos ellos eran buena gente y poco tiempo después, en febrero de 1956, serían presentados como víctimas inocentes del «terror stalinista». Esta ola se iba moviendo poco a poco, se iba preparando cuidadosamente a la opinión. Los «nuevos» dirigentes que no eran otros que los viejos, a excepción de Stalin, se hacían pasar por liberales queriendo decir al pueblo: «Respira libremente, eres libre, estás en la verdadera democracia, porque el tirano y la tiranía han sido liquidados. Ahora todo anda por el camino de Lenin, está surgiendo la abundancia, los mercados van a llenarse, no vamos a saber qué hacer con tantos productos».

Jruschov, este repugnante charlatán, encubría sus supercherías y astucias con pamplina s y palabrerías. Sin embargo, recurriendo a estas prácticas creó una situación favorable a su grupo. No pasaba día en que Jruschov no desplegara una desenfrenada demagogia en cuanto al desarrollo de la agricultura, no cambiara hombres y métodos de trabajo para convertirse él en único «patrón competente» de la agricultura, que emprendía tales «reformas» personales.

Jruschov «había inaugurado» su escalada al puesto del Primer Secretario del Comité Central del Partido

Comunista de la Unión Soviética con un largo informe sobre los problemas de la agricultura que presentó en el curso de un pleno del Comité Central, en septiembre de 1953. Este informe, que fue calificado de «muy importante», contenía aquellas ideas y reformas jruschovistas que en realidad ocasionaron a la agricultura soviética tan graves perjuicios que aún hoy se dejan sentir sus catastróficos efectos. El bullicio y el ruido montados sobre las «nuevas tierras» eran un bluf. La Unión Soviética ha comprado y sigue comprando millones de toneladas de cereales de los Estados Unidos de América.

En cuanto a la «dirección colectiva» y a la desaparición de las fotos de Jruschov de los periódicos, serían fenómenos de corta duración. El culto a Jruschov comenzaba a ser movido por los intrigantes los liberales, los arribistas, los 1ameplatos y los aduladores. La gran autoridad de Stalin, fundada sobre su obra imborrable, fue saboteada dentro y fuera de la Unión Soviética. Su autoridad cedió el lugar a la de un charlatán, de un payaso, de un chantajista.


-La obra de Enver Hoxha, "Los Jruschovistas", está escrita en 1976, y pertenece a su serie de memorias.

Contiene los recuerdos y las impresiones personales del autor sobre sus encuentros directos y contactos de todo tipo con dirigentes del PCUS y de otros partidos comunistas y obreros durante los años 1953 a 1961.

domingo, 16 de octubre de 2011

El mito del gulag


Escrito por: R. Andreu

La imagen actual de Stalin y de su etapa al frente de la URSS ha sido objeto de una deformación sistemática, primero a iniciativa de la propaganda hitleriana y luego al amparo de la guerra fría.

Indudablemente esa campaña, por más que se haya probado su inconsistencia y absoluta falta de rigor histórico, ha calado: Stalin es hoy sinónimo de terror, persecución, genocidio y campos de trabajo.

No cabe duda: la burguesía tiene pánico a Stalin y ese temor nos lo transmite a diario por todos los medios de intoxicación. Las razones son obvias: el movimiento comunista internacional alcanzó su fase de máxima pujanza precisamente bajo Stalin; la situación llegó a ser tan crítica para el imperialismo que realmente llegaron a temer su desplome. Había que hacer algo, borrar la imagen gloriosa de la Revolución de Octubre y de los bolcheviques e imponer una nueva imagen de diseño, plagada de tergiversaciones, mentiras y falsificaciones históricas de lo más burdas.

Los imperialistas nos insistieron durante décadas que la apertura de los archivos secretos del KGB demostraría sus afirmaciones; Gorbachov ordenó abrir esos archivos en 1989 y los primeros informes completos con las conclusiones se publicaron en 1993. Estas conclusiones no han tenido el eco mediático que merecían, sin duda porque refutan plenamente la campaña intoxicadora que hemos padecido durante tantos años.

El proceso contra Dimitrov

La primera campaña propagandística contra la URSS y el movimiento comunista internacional se inició con la quema del Reichstag en 1933, nada más subir los nazis al poder en Alemania. Estaba perfectamente preparada: Dimitrov, dirigente de la Internacional Comunista, fue acusado del incendio y los nazis desataron un ofensiva publicitaria de dimensiones hasta entonces desconocidas.

Hoy está probado que fueron los propios nazis quienes quemaron un Parlamento que ya no les servía para nada, pero la primera campaña de intoxicación demostró que la técnica funcionaba. El legendario Partido Comunista alemán fue perseguido, su secretario general Thälmann encarcelado junto con otros miles de camaradas que inauguraron los primeros campos de concentración y, como luego escribió Bertold Brecht, tras los comunistas fueron los antifascistas y, finalmente, los judíos y muchas otras víctimas del terror imperialista.

Era el primer ejemplo histórico de la nueva propaganda imperialista, basada en la estrecha unión de la policía política (la famosa Gestapo) y los medios de comunicación. Los nazis inventaron la figura del periodista-policía, una nueva estirpe de siniestros funcionarios al servicio de las más burdas mentiras. Göbbels resumió esta nueva técnica en una frase hoy conocida: Una mentira que se repite un millón de veces acaba convirtiéndose en una verdad. Pero nadie reconoce que los comunistas fueron los primeros en padecer la infamia sistemática de los nazis.

Los trotskistas salen a escena

A aquella primera campaña de propaganda anticomunista le siguió otra, con la leyenda de un supuesto genocidio cometido en Ucrania contra los campesinos por la colectivización socialista.

Según aquellas informaciones difundidas por la Gestapo, la colectivización habría supuesto una terrible catástrofe en la que millones de campesinos murieron de hambre.

La colectivización del campo, un episodio más de la lucha de clases bajo el socialismo en la URSS, como no podía ser de otra forma, corría paralela a una fuerte polémica -también otra más- en el interior del Partido bolchevique entre dos corrientes políticas opuestas. Triunfó la línea marxistaleninista de continuar la construcción del socialismo que encabezaba Stalin, y las posiciones derrotistas y claudicadoras que bullían en su seno fueron depuradas y expulsadas del Partido.

La más conocida -pero no la más importante- de esas corrientes es la trotskista, un movimiento insignificante inflado hasta la saciedad por la propaganda imperialista. En realidad Trotski nunca formó parte del Partido bolchevique, hasta pocos días antes de la revolución, cuando en plena efervescencia del movimiento de masas, se incorporó -como tantos otros- a las filas bolcheviques a las que antes había combatido sin cesar.

Trotski fue admitido en la dirección del Partido y asumió importantes funciones tras la Revolución como responsable del Ejército Rojo, en el que tuvo que ser destituido pocos meses después, tras sus reiterados fracasos en la dirección de la guerra con los contrarrevolucionarios. Fue sustituido en esa función por Stalin y a partir de ahí sus desvaríos no cesaron. A pesar de ello, los bolcheviques demostraron una paciencia más propia de los franciscanos que de los revolucionarios. Tuvo que ser destituido de la dirección del Partido, luego expulsado de él, luego expulsado de la URSS y, finalmente, ejecutado en México.

La burguesía imperialista siempre ha presentado esta lucha como una pugna personal por el poder entre Stalin y Trotski y no como un aspecto más de la lucha de clases contra la burguesía en el seno del Partido. Porque mientras Trotski volvió finalmente al lugar del que había salido, a las filas de la reacción, Stalin siguió también donde siempre había estado: entre los bolcheviques. Así que la inmensa mayoría del Partido estaba por un lado, y Stalin con él, mientras por el otro estaban Trotski y un reducido número de militantes que se podían contar con los dedos de las manos.

Por tanto, la fama de Trotski proviene de su obstinada lucha contra los bolcheviques, prolongada durante varias décadas, y del apoyo que a esa lucha le proporcionó la burguesía. Trotski proporcionó al imperialismo algo muy valioso que éste no tenía: información de primera mano, del mismo interior de las filas revolucionarias en las que se había infiltrado.

Esto dio un tono distinto a la campaña de infamias contra Stalin y el comunismo a través de un cúmulo de grupúsculos trotskistas que no eran más que el caballo de Troya del imperialismo camuflado entre algunos sectores estudiantiles o intelectuales. El nazismo nunca desperdició esta ayuda de los trotskistas en su guerra psicológica contra el movimiento comunista internacional. A su vez, los trotskistas se beneficiaron de los altavoces que el imperialismo les proporcionó en la prensa y la radio.

De Göbbels a Hearst

La característica común de las dos primeras campañas de guerra psicológica es que, no obstante su amplitud, no trascendieron de las fronteras de la Alemania nazi, salvo un cierto eco en la prensa reaccionaria inglesa.

Es aquí donde surge la figura del magnate de la prensa amarilla estadounidense Hearst, que en 1934 viajó a Alemania, donde fue recibido por Hitler como invitado y amigo leal. A partir de entonces, comenzó a abrir espacios en sus periódicos para difundir artículos firmados por Göring. El descrédito y las presiones populares le obligaron rápidamente a suspender la difusión de tales artículos, pero continuó informando acerca de la URSS con materiales más refinados que la Gestapo le remitía directamente desde Berlín, alusivos a masacres, esclavitud, presidios, etc.


Entonces la noticia estrella era el genocidio en Ucrania a causa de las colectivizaciones, campaña iniciada el 18 de febrero de 1935 en el periódico sensacionalista de Hearst Chicago American. A través de Hearst la Gestapo avanzó las primeras cifras: 6 millones de muertos por hambre en Ucrania.

¿Qué hay de cierto en ello?

Ucrania era conocido como el granero de Europa, un país agrícola muy rico, ambicionado por Alemania y otras potencias imperialistas rivales como despensa alimenticia en sus preparativos de guerra. Cuando en 1935 el PCUS promovió la colectivización, 120 millones de campesinos pobres se levantaron contra los kulaks, unos 10 millones de terratenientes que a través de los koljoses se habían enriquecido con el socialismo.

Se abrió un periodo de fuertes luchas en el campo, en toda la URSS. Los kulaks reaccionaron armándose y creando bandas que asaltaban a los campesinos pobres, incendiaban los graneros y destruían las cosechas. Surgió la escasez de grano y el hambre, lo que finalmente desembocó en epidemias, un fenómeno muy común en aquella época, ya que la penicilina no se inventó hasta la segunda mitad de los años cuarenta. Por ejemplo, en Europa occidental una epidemia de la llamada gripe española causó 20 millones de muertos entre 1918 y 1920.

La colectivización, por tanto, no causó ningún estrago especial entre la población ucrania, más que la propia del aplastamiento de la reacción kulak. Por el contrario, fue la colectivización la que permitió el aprovisionamiento del Ejército Rojo y de los obreros soviéticos en la guerra mundial que estallaría sólo seis años después. En la guerra mundial, los kulaks supervivientes de la colectivización volvieron a Ucrania y colaboraron en la invasión nazi, privatizando las tierras de nuevo y asesinando a los campesinos por millones. Pero de estas matanzas nada ha difundido el imperialismo.

Robert Conquest toma el relevo de la Gestapo

La guerra mundial no acabó con la URSS como pretendieron las grandes potencias imperialistas.

Por el contrario, el socialismo salió reforzado de la misma, obligando a una nueva ofensiva de guerra psicológica para encubrir su tremendo fracaso. Incapaces de derrotar por la guerra al socialismo, desataron una forma singular de agresión permanente y larvada: la guerra fría.

En Estados Unidos el senador McCarthy inició una violenta campaña de persecución contra los comunistas y cualquier asomo de movimiento progresista que acabó extendiendo por todo el mundo como una fiebre de histeria. Desempolvaron los viejos argumentos de la Gestapo y Hearst. En 1953, financiado por los exiliados ucranios en Estados Unidos, se publicó el libro Los sucesos negros del Kremlin (1) en el que se inventaban toda una serie de matanzas truculentas en la URSS.

Pero el personajillo que se especializaría en esta tarea fue Robert Conquest, ex-agente de la policía británica elevado unos años más tarde a profesor de la Universidad de Stanford en California, que escribió en 1969 El gran terror y en 1986 Cosecha de amarguras (2). Aquel mismo año escribió por encargo de Reagan un libro inolvidable cuyo título lo dice todo acerca de su talla universitaria:


¿Qué hacer cuando los rusos vengan? Manual de supervivencia.


La fuente de información de Conquest eran los kulaks ucranios que habían colaborado con el Ejército hitleriano en la ocupación de la URSS y que los Estados Unidos acogieron después como exiliados políticos. La mayor parte de esos ucranios eran criminales de guerra, como Mykola Lebed, jefe de seguridad en Lvov durante la ocupación nazi que colaboró en la persecución contra los judíos en aquella ciudad en 1942. En 1949 Estados Unidos le acogió como desinformador y comenzó a trabajar para la CIA.


Las siniestras conexiones de Conquest no fueron conocidas hasta que el periódico británico The Guardian las desveló en un artículo publicado el 27 de enero de 1978. Los servicios secretos ingleses habían creado en 1947 para la guerra fría un departamento especial dedicado en exclusiva a la intoxicación periodística que se llamaba IRD (Information Research Department), aunque su nombre originario era también bastante ilustrativo: Communist Information Department. Su tarea era combatir la influencia comunista entre el proletariado británico con noticias e informaciones inventadas, por medio de contactos en las redacciones de los periódicos y en las emisoras de radio, comprando noticias, sobornando a los periodistas, etc. Cuando en 1977 se disolvió por sus escandalosos contactos con los fascistas británicos, se comprobó que unos 100 periodistas conocidos de la prensa, radio y la televisión cobraban de sus presupuestos y que regularmente recibían informes para su difusión.

Conquest fue agente del IRD desde los comienzos hasta 1956 y su tarea era escribir noticias siniestras de la URSS para difundirlas en la prensa y la radio. Su libro El gran terror no es más que una recopilación de los artículos sensacionalistas que como agente del IRD escribió durante años sobre la URSS. Una tercera parte de los libros fueron comprados por la editorial Praeger que es la que habitualmente distribuye los libros de intoxicación de la CIA. Y por su libro Cosecha de amargura Conquest cobró 80.000 dólares de los exiliados fascistas ucranios.

Las cifras del gulag

Según Conquest (y tras él toda la propaganda imperialista) los bolcheviques mataron a 26 millones de personas, con el siguiente desglose: 12 millones de presos ejecutados entre 1930 y 1953 y otros 14 millones muertos de hambre en la década de los años veinte. También siguiendo sus cálculos, en 1950 había de 25 a 30 millones de presos en los campos de trabajo soviéticos, de los que 12 de ellos eran presos políticos, o sea contrarrevolucionarios. Añade que en las depuraciones de 1936 a 1939 fueron ejecutadas un millón de personas y otros dos millones murieron de hambre. El resultado de estas depuraciones serían 9 millones de presos políticos y 3 millones de muertos.

Soljenitsin, un fascista-zarista que recibió el Premio Nobel de Literatura (3) en pago a sus servicios, infló todavía más las cifras de Conquest. Según él, los bolcheviques mataron a 110 millones de personas: 44 millones en la II Guerra Mundial y otros 66 millones desde la colectivización hasta la muerte de Stalin en 1953. Finalmente, calculaba que en 1953 en los campos de trabajo había 25 millones de presos.

Estas son las cifras que luego la prensa imperialista ha reproducido millones de veces por todo el mundo, por supuesto de fuentes “fidedignas”.

Los archivos del KGB

Naturalmente, las conclusiones de la apertura de los archivos secretos por Gorbachov en 1993 no han recibido la misma dimensión informativa y sólo han alcanzado a las publicaciones científicas restringidas. Las conclusiones del estudio se han compendiado en 9.000 páginas redactadas por tres académicos rusos (Zemskov, Dougin y Xlevnjuk) nada sospechosos de simpatías stalinistas. Estas conclusiones han sido reproducidas también por Nicolas Werth del CNRS (Instituto Francés de Investigaciones Científicas) en la revista L'Histoire en setiembre de 1993, y por J. Arch Getty profesor de Historia de la Universidad de River Side en California en la revista American Historical Review.

Todos los informes académicos son unánimes en desmentir la campaña tergiversadora.

En la URSS en 1940 existían 53 campos y 425 colonias de trabajo, los famosos gulags. Se diferenciaban porque las colonias eran más pequeñas y con un régimen penitenciario más relajado que los campos y a ellas se destinaban los presos con condenas más reducidas. En los campos y colonias los presos no estaban recluidos en espacios cerrados sino que trabajaban y cobraban el mismo sueldo que los demás trabajadores, sobre la base del principio de que los presos no podían resultar una carga para la sociedad. Trabajaban durante su jornada laboral (7 horas diarias) y luego debían recluirse en los recintos cerrados y custodiados. En la URSS no había cárceles como las que conocemos aquí, en las que impera la ociosidad: trabajar era una obligación para todos, y no un derecho. Imperaba el conocido principio general de que quien no trabaja no come.

En 1939 en los campos y colonias había un total de 2 millones de presos, de los que 454.000 eran contrarrevolucionarios. De ellos murieron 160.000 por causas diversas, especialmente epidemias, enfermedades contagiosas y falta de medicinas. Después de la guerra, en 1950, el número de contrarrevolucionarios presos subió a 578.000, pero el porcentaje de presos que en total purgaban sus condenas nunca pasó del 2'4 por ciento de la población adulta de aquella época.

¿Qué significan estas cifras? Hagamos comparaciones...

En Estados Unidos hoy viven 252 millones de personas y hay 5'5 millones de presos en total, es decir, un 2'8 por ciento de la población adulta. Más que en la URSS de la época de Stalin. Y Estados Unidos ni padece un levantamiento armado de las proporciones de la guerra civil en la URSS, ni tampoco la amenaza exterior de ninguna potencia. Por el contrario, la URSS surge de una guerra mundial, padece una guerra civil, una invasión exterior de las grandes potencias, un sabotaje permanente de espías y contrarrevolucionarios y, finalmente, una nueva guerra mundial. A pesar de ello, el número total de presos era inferior al actual en Estados Unidos.

En cuanto a las muertes en los campos y colonias de trabajo, los porcentajes van del 5'2 por ciento en 1934 al 0'3 por ciento en 1953, lo que hace un total aproximado de un millón de presos, la mitad de ellos en el periodo de 1934 a 1939, y siempre por causas involuntarias, como se demostró al difundirse tras la II Guerra Mundial el uso de antibióticos, que redujo notablemente el volumen de fallecimientos.

En la URSS existió la pena de muerte, que se ejecutaba sólo en los casos más graves de levantamientos armados contra el socialismo. Dimitri Volkogonov, nombrado por Yeltsin jefe de los antiguos archivos soviéticos, ha calculado en 30.514 el número de fusilados entre 1936 y 1938 y, según cifras actuales del KGB, desde 1930 hasta 1953 habrían sido condenados a muerte 786.000 detenidos.

Pero esta última cifra no parece convincente y puede referirse al total de ejecuciones entre delincuentes comunes y contrarrevolucionarios. Quizá pueda deberse también a que el KGB contabilizó todas las sentencias de muerte, incluso aquellas que luego no se ejecutaban y se conmutaban por otras. En todo caso, puede decirse que los fusilamientos en una de las fases más aguda de la lucha de clases en la URSS entre 1936 y 1939, la época llamada del gran terror entre los imperialistas, serían de unos 100.000. Por tanto, muy lejos de los millones de la propaganda con la que nos han bombardeado durante años.

Pero hay detalles muy poco conocidos. Por ejemplo, hasta 1937 la pena máxima establecida por las leyes soviéticas era de 10 años, y el 82 por ciento de los condenados lo eran a penas inferiores a 5 años. Las penas dictadas por los tribunales populares eran algo superiores, pero en todo caso, sólo el 51 por ciento de los contrarrevolucionarios fueron condenados en 1936 a penas superiores a los 5 años. Cuando en 1937 se elevó el tope de las penas, sólo el 1 por ciento de los contrarrevolucionarios fueron condenados a penas superiores a los 10 años. Ni existía la condena a perpetuidad como en Estados Unidos, ni nadie cumplía condenas de más de 20 años, como en España.

Los comentarios, una vez más, sobran.


Los convictos del gulag

Pero todas esas cifras expuestas no nos daría una imagen ni siquiera aproximada de la URSS en los años treinta y las durísimas condiciones en las que se desarrollaba la lucha de clases de los obreros y los campesinos pobres. Pese a la colectivización, los kulaks no desistieron en su empeño de doblegar a los campesinos pobres, asesinando a los militantes comunistas, a los funcionarios del Estado y a los cooperativistas, incendiando las cosechas, provocando plagas, matando a los animales de trabajo y provocando el hambre. El Partido Comunista y los campesinos pobres tuvieron que luchar en las condiciones más adversas porque los kulaks contaban con importantes apoyos exteriores y tenían experiencia de años en el control de todos los resortes del poder en el campo. Sin duda la represión debió ser dura y los kulaks más destacados por sus crímenes fueron justamente ejecutados o condenados a los campos de trabajo. No obstante, de los 10 millones de kulaks existentes antes de la colectivización sólo resultaron condenados 1'8 millones de ellos a diversas penas.

Es seguro que cuando la lucha es tan encarnizada y de tan vastas proporciones, se produjeron errores, injusticias y venganzas particulares. Pero en su conjunto, la lucha fue acertada, permitió subsistir a la URSS y salvó aún muchas mas vidas de las que costó. Y sobre todo: esas vidas que se salvaron eran las de los obreros, los campesinos pobres, los cooperativistas y la población en general de todos los pueblos de la URSS.

Además, la situación no se ceñía exclusivamente al campo. También en las fábricas y en el Ejército ocurría algo parecido. Numerosos cuadros y técnicos provenían de las filas de la burguesía, ya que eran cuadros cualificados de los que no se pudo prescindir inicialmente. La mayor de parte de ellos colaboraron lealmente con los obreros en los planes quinquenales, pero otros saboteaban la producción, retrasaban los suministros, destruían la maquinaria y boicoteaban las tareas, causando un extraordinario perjuicio a la producción, en unos momentos clave en que la amenaza exterior del imperialismo acechaba.

La revolución, cabe concluir, no es un camino de rosas, desgraciadamente. Pero no será porque los revolucionarios estén sedientos de sangre. Es seguro que si los capitalistas renunciaran voluntariamente a sus privilegios, todo resultaría más fácil. La Historia demuestra que eso no ha sucedido nunca y que los que lo tienen todo no dudan en masacrar a los que no tienen nada para salvaguardar sus prebendas. Y luego encima nos vuelven la historia del revés.


Notas:

(1) Black deeds of the Kremlin.

(2) Harvest of sorrow.

(3) Por sus libros Archipiélago gulag y Un día en la vida de Ivan Denisovich.

Seis meses después de aparecer este artículo, el diario La Vanguardia de 5 de junio de 2001 publicó una entrevista sobre este mismo tema con el historiador ruso Viktor Zemskov, al cual aludimos en el artículo. El historiador dice que es la primera entrevista que concede a la prensa extranjera, que no se ha interesado para nada en restablecer una falsedad millones de veces repetida: Ya es hora de que la propaganda dé paso a la historia, y la suposición al documento. Hace diez años que en Rusia se sabe que Stalin y su régimen mataron mucho menos de lo que se ha dicho, comienza a decir el periodista en el encabezamiento, mientras que Zemskov dice que en Occidente se habían engañado mucho al respecto, es decir, sobre el volumen de la represión. El Estado soviético llevaba un control absoluto y preciso de cada detenido y de cada fusilado: La estadística del Gulag es considerada por nuestros historiadores como una de las mejores [...] Un solo caso de un preso desaparecido en un naufragio o fugado, genera todo un dossier de documentos y correspondencia. Como es natural, no se dice absolutamente nada de los motivos por los cuales fueron enviadas al Gulag todas esas personas. Zemskov confirma también que el principal manipulador de las estadísticas ha sido Robert Conquest, cuyas cifras de represaliados y muertos quintuplican la evidencia documental, dice Zemskov, aunque no explica el perfil biográfico de Conquest. Según las conclusiones que extrae el propio periodista, en el momento culminante de la represión estalinista, el ‘gran terror’ de 1937-1938 en la URSS se practicaron 2'5 millones de detenciones, y entre 1921 y 1953 se fusiló por motivos políticos a 800.000 personas. Pero el historiador no dice fusilados sino algo bien distinto: condenados a fusilamiento, es decir, que no existe confirmación de que la pena se ejecutara en todos los casos, por lo que debe tomarse como una aproximación. Esta cifra coincide aproximadamente con la que nosotros adelantamos y las diferencias pueden deberse a que nosotros tomamos un periodo de tiempo más corto.

Muchos de los millones de muertos imputados al comunismo en la Unión Soviética provienen de la hambruna en Ucrania, supuestamente a consecuencia de la colectivización. El periodista canadiense Douglas Tottle publicó un libro titulado Fraude, hambre y fascismo: el mito del genocidio ucraniano, de Hitler a Harvard (Fraud, famine and fascism. The Ukrainian Genocide Myth from Hitler to Harvard, Toronto, Progress Book, 1987). La colectivización se inició a finales de 1929 y el hambre apareció en 1934 (casualmente al año siguiente de la llegada de Hitler al gobierno de Berlín). En su libro Tottle demuestra que las fotografías publicadas, que exhiben supuestas escenas de niños muertos de hambre, se tomaron, en realidad, de publicaciones de 1922 mostrando las muertes de hambre causadas por la intervención de ocho potencias imperialistas en la guerra civil de 1918-1921.

Estas falsificaciones también han sido denunciadas por Louis Fisher, corresponsal en Moscú del periódico americano The Nation. Fisher denunció que el periodista M. Parrot, el auténtico corresponsal de la cadena Hearst en Moscú, envió reportajes que jamás se publicaron acerca de las excelentes cosechas en Ucrania. Tottle demuestra que el periodista que envió durante mucho tiempo los reportajes y fotografías falsos sobre el hambre en Ucrania, Thomas Walker, se llamaba en realidad Robert Green, que se había escapado de una cárcel de Colorado. Cuando Green regresó a Estados Unidos fue detenido y confesó al tribunal que jamás había estado en Ucrania y que sólo estuvo cinco días en Moscú.

Sobre los millones de muertos de hambre en Ucrania existe una curiosa carta en los archivos del Ministerio francés de Asuntos Exteriores escrita por su embajador en Moscú Charles Alphand y dirigida a Paul Boncour, el titular entonces del Ministerio en París, de fecha 13 de setiembre de 1933. La carta relata un viaje por la Unión Soviética de Alphand acompañando a Herriot. Dice así: Invitado oficialmente por el gobierno soviético para participar en el viaje de Herriot al sur de la URSS, seis días en Ucrania y en el norte del Cáucaso [...]

Este viaje [...] ocasionó manifestaciones de lo más cariñosas respecto a Francia que por todas partes recibió los aplausos unánimes de la muchedumbre soviética sin que [...] hubiera una nota discordante. El sólo hecho de que se les haya permitido e incluso provocado, muestra el deseo de los gobernantes de mostrar su deseo de acercamiento con Francia.

Además de museos y monumentos antiguos, hemos visitado el mayor número posible de fábricas y explotaciones agrícolas [...] maravillado por el Dnieprostroi donde, además, se encuentra la fábrica hidroeléctrica más importante de Europa. Sobre una estepa rusa se eleva desde hace cuatro años una ciudad de 150.000 habitantes, de los que 40.000 son obreros [...] Salvo para el aluminio (sólo se logró un sexto de lo previsto), las fábricas aún están en fase de equipamiento y la producción no alcanzará su pleno rendimiento hasta dentro de tres o cuatro años, según los técnicos que he podido consultar. Visita a las fábricas de panificación de Kiev, de turbinas y tractores de Jarkov, maquinaria agrícola, cosechadoras en Rostov, rodamientos y motores en Moscú.

Concordando esas constataciones de las informaciones ya proporcionadas al Departamento sobre las formidables industrias de los Urales (Magnitogorsk y Kuznietsk), sobre los proyectos hidroeléctricos del Volga y de Siberia, sobre las fábricas de Gorki y de Leningrado, se ve el esfuerzo industrial enorme del Gobierno de los Soviets. Dada la peculiar situación de la URSS, el único país del mundo que progresa, ese desarrollo no puede perjudicar a las industrias europeas, más que cerrándoles el mercado ruso, porque las posibilidades de absorción de ese mercado son tan grandes que pasarán 50 o incluso 100 años antes de que los Soviets alcancen una sobreproducción que no sean capaces de absorber por ellos mismos. Pero hay un grave problema [...] el de los transportes: insuficiencia de la red ferroviaria y vial [...] En esta vía [...] podememos plantearnos la colaboración franco-soviética.

Al margen de la cuestión industrial, se desprende una impresión del viaje a la URSS, el de un esfuerzo en la construcción de alojamientos para una población que en diez años aumenta la población de Francia. Lo mismo en Moscú que en Leningrado de un plumazo se alzan grandes casas obreras casi en cada calle, pero el éxito más grande desde el punto de vista del urbanismo está en Jarkov donde en cuatro años una ciudad entera de aspecto netamente americano se ha edificado al lado de la ciudad antigua.

En fin, una de las partes mas importante de nuestra gira ha sido la visita a las organizaciones soviéticas en Ucrania y en el norte del Cáucaso, el centro mismo de los territorios donde, según recientes campañas de prensa, reinaba un hambre comparable a la de 1922.

Usted verá, me habían dicho, que en el último momento esta parte del viaje será suprimida; no le llevarán a ese infierno de miseria. Para encontrar en Moscú a Molotov, que partía de vacaciones, se suprimió del programa la excursión a Crimea que tenía un carácter particularmente turístico; el viaje a Ucrania se desarrolló normalmente. Hemos atravesado de parte a parte, en los dos sentidos, en ferrocarril, este inmenso campo de cereales cuyos cultivos se interrumpen allá donde no alcanza la vista, de espeso humus negro que hace innecesario el abono. A 60 y 70 kilómetros de las ciudades, hemos visitado koljoses y sovjoses, y volvemos con la impresión muy clara de la falsedad de las noticias difundidas en la prensa y la convicción que yo esbocé en mi correspondencia de una campaña inspirada por Alemania y los Rusos blancos deseosos de oponerse al acercamiento franco-soviético.

Antes de recorrer el país, yo mismo me he hecho eco de esas habladurías difundidas por los enemigos del régimen y tengo hoy la certidumbre de su exageración.

Sin duda, se nos dirá, los eslavos, después del Potemkin, tienen un maravilloso sentido de la puesta en escena, sólo os han mostrado lo que querían que viérais, ¿cómo pretende Usted, en una excursión de una semana, no hablando ruso, apercibirse del estado de una región tan extensa? Sin embargo, hemos mirado por las ventanas durante el trayecto de más de 3.000 kilómetros, y no se ha podido trucar completamente la población, que nos ha parecido en el mejor estado físico y de vestuario que la de las ciudadades del norte, de donde venimos. Nuestro coche ha podido aplastar pollos de más de cuatro meses; nos hemos dado cuenta de la extensión de esos campos que acaban de proporcionar una cosecha que todos están de acuerdo en calificar de excepcional. Si verdaderamente millones de hombres estuvieran muertos de hambre en esas regiones, los infortunados hubieran comido sus pollos antes de pensar en alimentarse de cadáveres. Hubieran sido necesarios millones de soldados para impedirles comerse las semillas.

¿Qué dicen a este respecto las autoridades que hemos interrogado? El año pasado tuvo lugar efectivamente, un episodio de los más graves de la Revolución para la aplicación del régimen colectivista en la agricultura. En esas regiones particularmente ricas, hemos tenido que luchar contra los campesinos ricos que no cultivaban por sí mismos sus tierras sino que utilizaban asalariados; contra esos kulaks, más o menos abiertamente sostenidos por Alemania, que lleva en Ucrania su campaña separatista. Con la esperanza de desórdenes graves, esos elementos contrarrevolucionarios intentaron suscitar la huelga de brazos caídos. De ahí resultó una disminución de la producción de cereales que en un momento dado amenazó seriamente Moscú y supuso no solamente graves dificultades en las regiones donde se organizó el sabotaje de la cosecha, sino también la obligación de imponer restricciones importantes en la distribución de víveres. Que ha habido hambre está fuera de duda. Pero por una acción enérgica del poder central, acción combinada de la policía y de los elementos políticos comunistas, gracias a ciertas concesiones ofrecidas al interés personal (propiedad de una vaca y de productos de la huerta), la situación ha podido ser restablecida durante estos últimos meses y Stalin, según una expresión de Radek [...] ha ganado su ‘batalla del Marne’ agraria.

Dos ejemplos típicos de esta campaña y de las dificultades [...] nos los ofreció Kalinin, a quien interrogamos sobre este grave problema del hambre. Nos dio el ejemplo de la comuna de Tver que hoy lleva su nombre, donde hay tres koljoses. El primero ha trabajado muy bien, ha realizado una buena cosecha y sus miembros han obtenido buenos beneficios; el segundo ha alcanzado los dos objetivos; pero el tercero, por impulso de nuestros adversarios, ha saboteado la cosecha y sus afiliados han corrido el peligro de morir de hambre. A petición mía [de Kalinin], el Gobierno les ha hecho llegar ayuda. A causa de ello, me he atraído la enemistad de los otros dos koljoses que pensaban que no importaba hacer las cosas mal si, no haciendo nada, se obtenía sin embargo la subsistencia [...] El segundo ejemplo de Kalinin es el siguiente: el año pasado faltó la leche en Moscú y se restringió la distribución incluso a los niños y a los obreros empleados en trabajos nocivos. Pero la persona encargada de la distribución era precisamente el gran negociante de preguerra que aseguraba el mismo servicio bajo el régimen zarista. El Presidente Kalinin llamó a ese fucionario para preguntarle cómo con una cantidad doble de leche no llegaba para suministrar a las categorías restringidas indicadas. El interesado apenas tuvo que mostrar que la cantidad era hoy insuficiente porque antes la leche era un privilegio de la clase noble y rica de Moscú.

Aumento considerable de las necesidades, resistencias políticas de los elementos reaccionarios, tales son las causas del desequilibrio que revuelve nuestros espíritus occidentales pero que parecen naturales al espíritu eslavo fatalista que, poco deseoso de intereses inmediatos individualistas, está centrado en el cumplimiento del amplio programa que se ha propuesto.


Una bibliografía un poco diferente...

Douglas Tottle: Fraud, Famine and Fascism The Ukrainian Genocide Myth from Hitler to Harvard,

Artículo extraído de www.antorcha.org

Toronto, Progress Book, 1987 (disponible en internet en formato pdf)

Sabine Dullin: Des hommes d’influences. Les ambassadeurs de Staline en Europe 1930-1939,

Paris, Payot, 2001

Annie Lacroix-Riz: Le choix de la défaite, Armand Colin, Paris, 2006 (reeditada en 2007)

Annie Lacroix-Riz: Le Vatican, l'Europe et le Reich, Armand Colin, Paris, 1996, (reeditada en

2007)

John D. Littlepage: In Search of Soviet Gold, George G. Harrap & CO. LTD, London 1939.

Joseph E. Davies: Mission to Moscow, New York, 1941

Christopher Simpson ed.: Universities and Empire: money and politics in the social sciences

during the Cold War, New York, New Press, 1998.

Christopher Simpson: Blowback. America’s recruitment of Nazis and its effects on the Cold War,

New York, Weidenfeld & Nicolson, 1988